La nueva odontología: ni diablos ni ángeles

La nueva odontología: ni diablos ni ángeles

|Fotografía: Luke Siemens|

Admitámoslo desde el principio para que nadie se lleve a engaño: los dentistas trabajamos para ganar dinero. Así de claro. Los recientes casos de Funnydent y Vitaldent han animado la salida de muchas voces que, sintiéndose representantes de toda ética y moral, prácticamente dan a entender que el trabajo del auténtico odontólogo –el de toda la vida, el de fiar– es altruista y que, además, nada tiene que ver con estos recientes fraudes destapados en España. En efecto, el dentista trabaja para ganarse la vida, pero lo hace con honestidad, sabiendo que la salud del paciente siempre es lo primero. Al menos así debería ser. El problema surge cuando por encima del dentista y del paciente existe un modelo de negocio liderado por un empresario ajeno a la odontología cuya mente funciona siguiendo las mismas pautas del 2×1 de un supermercado. Y este modelo no ha caído del cielo, sino que es responsabilidad de todo el sector odontológico y de las instituciones que lo representan, por eso es muy necesario que nos miremos y hagamos un ejercicio de reflexión.

Al igual que ocurre con la mayoría de las enfermedades que tratamos los dentistas en la consulta, la patología que sufre actualmente el sector de la odontología no es fruto de un solo factor. Hablamos de un problema multifactorial, de ahí su complejidad. Los escándalos de Vitaldent y Funnydent no sólo son resultado de empresarios sin escrúpulos, que los hay en todos los sectores, sino también de una legislación que les permite distorsionar un modelo de negocio en el que tradicionalmente la salud y el bienestar del paciente han sido prioritarios para colocarlos por debajo del interés económico. El máximo responsable de un tratamiento de salud debe ser un sanitario, no una persona ajena a la odontología cuyo éxito profesional se mida en parámetros mercantilistas. Cuando comenzamos a dedicar más tiempo a explicar el presupuesto que el tratamiento es que algo está fallando.

“Cuando comenzamos a dedicar más tiempo a explicar el presupuesto que el tratamiento es que algo está fallando”

 

Visto lo visto, el control sobre el modelo de negocio de las grandes cadenas de clínicas es insuficiente. Mientras las farmacias y los laboratorios dentales deben ser montados forzosamente por un profesional sanitario, no ocurre así con las clínicas dentales, tampoco con los hospitales. Los dueños de estas clínicas buscan el máximo beneficio posible y para ello se aprovechan de la excesiva oferta de dentistas, contratándolos por muy poco dinero y logrando una mano de obra muy barata. Son las grandes cadenas de clínicas, la mayoría pertenecientes a grupos empresariales, las que realmente se han visto favorecidas por la abundancia de dentistas en la calle. Y no lo hacen para abaratar el tratamiento de los pacientes, “democratizando la salud bucodental”, como suelen argumentar, sino para ganar dinero a costa de licenciados mal pagados que salen lanzados de facultades públicas y privadas. Ni siquiera el establecimiento de los numerus clausus que pide el Consejo de Dentistas de España detendría tal exceso de nuevos odontólogos (en España hay actualmente 1 dentista por cada 1.200 habitantes, mientras que la Organización Mundial de la Salud recomienda la existencia de 1 por cada 3.500) porque no frenaría la plétora profesional procedente de las facultades privadas.

“Los dentistas somos sanitarios, pero no lo estamos demostrando”

 

No deja de ser paradójico que gran parte del sector de la odontología y sus instituciones se hayan cebado con tanto ahínco contra los casos de Vitaldent y Funnydent. Lo es porque, lejos de invertir el modelo de estas cadenas de clínicas dentales, lo hemos copiado para intentar competir contra ellas. Ésta ha sido la estrategia: parecernos a ellas para poder competir. Los dentistas somos sanitarios, sí, pero no lo estamos demostrando. Uno de los problemas actuales del sector es el lanzamiento de ofertas excesivamente baratas que, por lo general, esconden sobretratamientos que terminan encareciendo el presupuesto inicial. Si lanzamos ofertas de “Implantes a 500 euros hasta fin de existencias” o “Blanqueamientos dentales 2×1”, estamos transmitiéndole a la sociedad que somos más parecidos a un supermercado que a un centro sanitario. Estos mensajes confunden a la ciudadanía. Es comprensible e incluso necesario que existan clínicas low cost porque el paciente tiene derecho a elegir, pero para hacerlo debe estar bien informado y saber, entre otras cosas, quién es la persona que le está ayudando y asesorando: en determinadas clínicas no sabemos si el dueño es dentista o es una persona que basa sus decisiones y tratamientos única y exclusivamente en el rendimiento económico.

Es necesario que todos reflexionemos sobre en qué punto se encuentra nuestro sector y sobre qué hemos hecho mal para confundir a los ciudadanos. Enzarzarnos con el diablo ahora que lo vemos caído es la vía fácil para diferenciarnos de él y adoptar un rostro angelical, pero lo cierto es que todos, en mayor o menor medida, somos responsables de la situación actual y, por tanto, todos tenemos la obligación de diagnosticarla humildemente y proponer el mejor tratamiento sin importar el precio… Porque sí, los dentistas también tenemos facturas que pagar, pero por encima de todo debe seguir estando la salud.

Dr. Francisco Enrile

Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Sevilla · Médico Especialista en Estomatología y Máster Universitario en Periodoncia y Osteointegración por la Universidad de Oviedo · Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Oviedo

 

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